Exposición «1000 Olas» de Andrés Talavero

El Museo de la Cárcel real Real expone durante los meses de octubre y noviembre de 2010: «1000 olas» de Andrés Talavero.

Andrés Talavero ha intervenido en la histórica Cárcel Real de 1686 en el interior de 4
celdas instalando 4 grandes murales. Cada mural está compuesto por 3 trípticos de 252 x 600 cm cada uno. Transformando la celda a través de la sensación del color y del impacto de las dimensiones de la obra en un espacio sereno, evocador y liberador.

Pensamientos acerca de 1000 olas, vacío desde las profundidades

Cada uno de los módulos está compuesto por grandes paneles azules, en los que se observan detalles, líneas blancas con arabescos que prefiguran formas semejantes a olas, constituyéndose el lugar como un enorme grabado. La creación cuidadosa de este site-especific no se aleja de otras creaciones del artista. Aquí, de modo semejante a la Capilla Rothko en Houston, se ha creado un espacio específico para el pensamiento meditativo, pero sobre todo, para vaciarse del pensamiento. Se crea un lugar de intimidad para el pensamiento, un espacio de nobjetividad, en el que el pensar puede permitirse el abandono de sí mismo, la catástrofe de la desnudez propia.

La referencia a la Gran Ola de Hokusai, en la que las figuras humanas sobre las barcas están apunto de ser engullidas, ha sido trasladada a una espacialidad alternativa en la que es el propio pensamiento del sujeto quien es amenazado con sucumbir ante el ambiente que el artista nos propone. Cuando observamos al espectador, inmerso en la contemplación y circundado por la instalación, percibimos que no se es nada ante la inmensidad del azul, de las olas, del espacio, nada ante el devenir. Somos aquí el Monje a orillas del mar de Friedrich, inmersos ahora definitivamente en las corrientes subterráneas de la totalidad. Cada forma, cada ola, es un haiku, una potencia en el decir, desde el que escuchamos el aquí y el ahora. Todo el site specific es un enorme haiku donde el suelo fundamento del pensar ha acabado licuándose en este pequeño fragmento de mar que nos habla ya, definitivamente, como a seres-del-adentro.

Andrés es intensidad de lentitud, de espera, intensidad del estar a la escucha en un tranquilo presagio. No huye ni se asusta ante la soledad o la muerte, porque se ha apropiado, cada día, de un mundo. Su permanecer ante lo terrible de la esencia es una estancia delicada, una ética de la paciencia. Hay en Andrés una sabiduría que sabe decir no a todo aquello que resulta conclusivo, definitivo, acabado, finito. Es siempre serenidad del encuentro pacífico y fortuito, y piensa-vive como un discípulo que sabe aceptar el lado que las cosas regalan sólo a
los que permanecen hasta el final.

MIGUEL FERNÁNDEZ CAMPÓN

1. Extracto del ensayo aparecido en el catálogo de la exposición 1000 olas, vacío desde las profundidades. Sala de Arte El Brocense, Cáceres, octubre, 2009

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