La Tapa Medieval «El Peregrino Extremeño» de Coria reivindica el ramal oeste del Camino de Santiago

Su cocinero, David Ávila Sánchez, representará a la ciudad cauriense entre los días 26 y 28 de septiembre en el VII Certamen Internacional de Pinchos y Tapas Medievales que se celebrará en la ciudad de Almazán (Soria) y que organiza la Red de Ciudades y Villas Medievales a la que pertenece Coria.

El cocinero David Ávila Sánchez (Hotel Sumaiya El Palacio-Restaurante Don Pedro) va a representar a Coria en el VII Certamen Internacional de Pinchos y Tapas Medievales que se va a celebrar en Almazán entre los próximos días 26 y 28 de septiembre.  Su pincho es una gustosísima mezcla de tierra y mar, que ha bautizado como el «Peregrino extremeño».  El chef ha encontrado en las fértiles raíces de la tradición cauriense la inspiración para llevarse a Soria lo mejor de la Ciudad de Coria.

Además de saber muy rico, el lustre del pincho invita a comerlo.  Fotografiado sobre los blancos manteles del restaurante Don Pedro simula la bandera extremeña, con el verde de los guisantes y unos picatostes que parecen hacer un guiño a los sillares de las vetustas murallas romanas que cercan la ciudad.  Pero vayamos por partes.  Lo primero es la viera, guiño al mar y a los caminos de Santiago que jalonan toda España, y también la red de Ciudades y Villas Medievales.  La panceta es ibérica.  No podía ser menos en la dehesa extremeña, que acoge algunas de las ganaderías más importantes de España, no solo de la cabaña brava, sino de la vacuna y, por ende, la porcina.

Las encinas caurienses son la casa de una las ganaderías más prestigiosas de España, como es la de Victorino Martín.  El tercer ingrediente es un puré de guisantes, que procede de las ricas y frondosas vegas del Alagón.  Para la decoración, Ávila utiliza dos madroños y reducción de vino Ribera del Guadiana.  La tapa no puede ser más representativa de su tierra.

La elaboración del pincho es un arte.  La vieira se pasa por la plancha hasta que rompe fibra y adquiere su estado óptimo.  Es entonces cuando el cocinero le da un golpe de horno para unirla con el tocino y que ambas delicias mezclen sus jugos.  Una vez terminado el horneo, el pincho se monta en plato utilizando la propia concha de la vieira como lecho del puré de guisantes.  Encima, la vieira y la panceta ibérica fundidas. Los dos madroños y la reducción del vino de la Ribera del Guadiana le confieren su aspecto final.
En definitiva, «Además de lucir los muchos y magníficos productos que tenemos en Extremadura, el nombre reivindica que son muchos los caminos que llevan a Santiago, y no solo el Camino del Norte», explica el cocinero.

Más información en el documento adjunto: Folleto del VII Certamen Internacional de Pinchos y Tapas Medievales

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